Valle de Losa

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Las Fuentes de Losa para un Caminante

Las Fuentes de Losa para un Caminante
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Localidad: Fuentes de Losa

Para un viajero procedente de un pueblo grande o de una ciudad, las fuentes de los pueblos de Losa pueden parecer, a primera vista, un derroche; y si las contemplas y las disfrutas en un día de verano con todos los campos amarillos y con el sol golpeándote la espalda, al mostrar su abundancia y su frescura vienen a ser como una muestra de soberbia y de orgullo.

Son en realidad una placer para todos los sentidos; su visión alegra el espíritu del caminante y adorna el entorno; su sonido estimula el oído como la mejor de las canciones; el líquido que mana de sus grifos o el que descansa brevemente en sus estanques, abrevaderos, pilones o lavaderos adyacentes, refresca y relaja el cuerpo acalorado y los pies cansados; y aunque digan que el agua es inodora e insípida, también el olfato y el gusto son agasajados por el aire fresco que se respira en ellas y por la sensación placentera del agua en la boca que reconforta al caminante sediento.

El 25 de julio comenc√© en Ordu√Īa un recorrido circular que me habr√≠a de llevar durante ocho d√≠as por la mayor√≠a de la loberas conocidas de Araba y norte de Burgos; para ello recorrer√≠a las sierras Salvada, Gurdieta, Montes de la Pe√Īa y la Magdalena, atravesar√≠a el valle de Losa y parte del de Valdegob√≠a, cruzar√≠a la sierra de Arkamo y sus estribaciones, pasar√≠a por la sierra de Gibijo, y por Unz√° volver√≠a a Ordu√Īa.

El primer contacto con las fuentes de Losa lo tuve al llegar a San Miguel de Relloso. Su √ļnico vecino, Luis Herr√°n estaba ausente; pero en ausencia de Sito la fuente fue un anfitri√≥n perfecto y se encarg√≥ del hospitalario recibimiento. En medio del pueblo y rodeada de ruinas sigue vertiendo su l√≠quida frescura en el pil√≥n y renovando continuamente el agua del lavadero que tiene adosado. Despu√©s de un duro d√≠a de caminata, que la niebla me oblig√≥ a alargar en varias horas, compart√≠ la fuente con un incontable n√ļmero de abejas que se afanaban en recoger agua para abastecer las colmenas de un abejal cercano. La fuente saci√≥ mi sed y me permiti√≥ asearme para pasar la noche en San Miguel de Relloso sin la incomodidad de los sudores de la jornada.

La fuente de San Miguel de Relloso canta como todas las dem√°s, pero su canci√≥n es much√≠simo m√°s perceptible que la del resto de las fuentes de Losa por las que he pasado. En medio del silencio su ca√Īo vierte el agua que, al caer en el pil√≥n, crea hondas conc√©ntricas que envuelven el pueblo con un dulce y relajante sonido, y forman una esfera invisible en la que, con toda seguridad, permanecen una infinidad de experiencias y recuerdos que acabar√°n perdi√©ndose si nadie los recoge.

Siguiendo los consejos de Luis Herrán para economizar esfuerzos en mi caminata me dirigí hacia Villabasil sin pasar por Relloso, que con toda seguridad también tiene una fuente que ofrece hospitalidad, porque si todos los pueblos por los que he pasado la tienen, es de esperar que Relloso también. Así que la siguiente fuente de pueblo con la que topé fue la de Villabasil.

Villabasil es un pueblo que poco se parece a San Miguel de Relloso, por su tama√Īo y porque aqu√≠ no se ven casas en ruina ni se adivinan abandonadas. Pero cuando yo lo atraves√© sus calles estaban totalmente silenciosas y desiertas.

Despu√©s de dos d√≠as rodeado por la niebla en busca de las loberas de San Miguel, Gurdieta y Villabasil por la Sierra Salvada, la de Gurdieta y por los Montes de la Pe√Īa, al descender del Pe√Īalba y de la lobera de Villabasil el cielo se despej√≥ y el calor de las primeras horas de la tarde invitaba a la siesta. Mis pasos me llevaron a la fuente. La de Villabasil es una fuente limpia y cuidada, iluminada totalmente por el sol cuando yo llegu√©. Las aguas cristalinas del lavadero adosado a la misma parec√≠an invitarme a sumergirme en ellas, pero como su funci√≥n no es esa me limit√© a refrescar mi cabeza debajo del ca√Īo, beber hasta saciarme y descansar un rato hasta casi adormecerme arrullado por el ruido del agua.

Pas√© por la fuente de Castresana, o por una de ellas; en ella me detuve lo justo para beber su agua. Sus ca√Īos vierten el agua en una pila protegida por una cuidada obra de hermosos sillares. Y llegu√© a Villavent√≠n, donde pasar√≠a mi segunda noche en Losa.

La fuente de Villavent√≠n se adelanta a la fachada de la iglesia dejando a sus espaldas, entre la iglesia y ella misma, un espacio herboso con un banco corrido de piedra, que se apoya en la parte posterior del muro que constituye el frente de la fuente y de sus dos largos abrevaderos; es un espacio que, al menos despu√©s de una larga caminata, invita al descanso. La fuente domina la amplia plazuela del centro del pueblo, y adelantada a la iglesia como est√° parece decir: ‚Äúac√©rcate, que de m√≠ s√≠ obtendr√°s consuelo inmediato para tu sed‚ÄĚ. Yo saci√© mi sed y refresqu√© mi cuerpo.

Al lado de la fuente est√° la vieja escuela, que hoy alberga el tel√©fono p√ļblico y una sala de concejos. No har√° muchas d√©cadas que esta escuela todav√≠a rebosaba vida durante los periodos lectivos; es f√°cil imaginarse a todas las alumnas y alumnos saliendo veloces al recreo y corriendo a la fuente a saciar su sed, a desarrollar sus juegos en la plaza y los alrededores, o a contarse secretos y confidencias en los bancos que hay a la espalda de la fuente, protegi√©ndose por la propia fuente y la fachada de la iglesia de miradas y o√≠dos no deseados.

Se puede decir que la fuente de Villaventín es el centro del pueblo, y no la iglesia como podría parecer. De lejos la iglesia destaca sobre las casas, como en la mayoría de los pueblos. Viene a ser como el faro que permite reconocer el pueblo desde la lejanía. Pero en Villaventín la fuente se adelanta y gana la partida, porque a todo el mundo atrae desde un espacio abierto y generoso; a todo el mundo ofrece, todos los días, algo apetecible y necesario.

Dejé atrás Villaventín bastante temprano para acercarme por Muga hasta el portillo de la Magdalena y hasta la lobera de Castrobarto. Otra vez la niebla me jugó una mala pasada y me hizo caminar hora y media más de lo previsto para alcanzar mis objetivos. Volví a Castrobarto y desde allí seguí hacia Villalacre y Rosío para acabar mi jornada en Salinas de Rosío.

No fue ese un d√≠a en el que la sed me urgiese. A Castrobarto llegu√© con exceso de agua, sobre todo en mis pies. Hab√≠a recogido toda la que la niebla hab√≠a depositado en el brezo, en los enebros, en las otacas y en los espinos de la sierra mientras trataba de llegar al portillo de la Magdalena rodeado de niebla y cruzando a veces por pasajes tenebrosos entre hayas o avellanos, donde parec√≠a que alguien hab√≠a robado toda la luz circundante, lechosa y ya escasa de por s√≠. Pero tanto en Castrobarto como en Villalacre me serv√≠ de sus fuentes para saciar mi sed y aliviar por un momento mi espalda libr√°ndola del peso de la mochila. La de Castrobarto domina una amplia plaza y protege una bolera que tiene detr√°s; entre sus dos largos abrevaderos cubre un frente de unos 25 m. Los tres ca√Īos de la de Villalacre surgen de un rollo o cilindro de piedra que en su base est√° rodeado por una pila semicircular, donde los ca√Īos vierten el agua; esta pila se prolonga por uno de sus lados en un largo abrevadero.

Y así fui acercándome hasta Salinas de Rosío.

El ca√Īo de la fuente de la Plaza Mayor de Salinas de Ros√≠o vierte el agua en un pil√≥n alargado, que comienza bajo el mismo ca√Īo y sigue durante varios metros la direcci√≥n de la carretera que atraviesa el pueblo en direcci√≥n a La Cerca. Al otro lado de la carretera hay un edificio que alberga el local social, con su barra de bar, donde se reunen los vecinos que pasan los fines de semana y el verano en el pueblo (me cuentan que en invierno apenas quedan casas abiertas). En la parte delantera hay un soportal cubierto donde pas√© la noche despu√©s de una velada de charla con algunos vecinos. Cuando todos los vecinos acabaron sus partidas de mus y de brisca el entorno qued√≥ vac√≠o; el agua del ca√Īo golpeando en la del pil√≥n me acompa√Ī√≥ en mi sue√Īo. El sonido monocorde del chorro de agua me acompa√Ī√≥ hasta que, a primeras horas de la madrugada dos parejas de j√≥venes se sentaron frente al soportal en el que dorm√≠a para alargar la noche con animada charla y con risas. Dej√© de escuchar la fuente; me pareci√≥ que se callaba para escuchar la conversaci√≥n de aquellos cuatro j√≥venes. ¬ŅGuardar√° muchos secretos esta fuente?

Al alejarme de Salinas de Ros√≠o pas√© por otra fuente, cercana a la iglesia y a un antiguo hospital. Los ca√Īos y la pila est√°n protegidos por un arco de piedra rematado en una estructura triangular, tambi√©n de piedra, a modo de tejado. En esta fuente y en sus piedras se adivinan muchos a√Īos de historia, pero hoy se concentra m√°s actividad junto a la m√°s humilde fuente de la Plaza Mayor.

Pas√© por Villamor y Villate para llegar a Perex. La fuente de Perex se apoya en un muro que cierra un patio sobre el que se ve la preciosa solana de una de las casas que rodean la plaza en la que est√° la fuente. Para cuando llegu√© a Perex el sol ya se hab√≠a deshecho de las nubes y golpeaba fuerte; as√≠ que meter la nuca debajo del chorro de agua durante un buen rato y dar unos buenos tragos me refresc√≥ lo suficiente como para seguir hasta la lobera, dar un rodeo para ir hasta San Pantale√≥n antes de llegar a R√≠o de Losa y volver luego a este pueblo donde pasar√≠a la cuarta y √ļltima noche de las que, durante este viaje, har√≠a en Losa.

La fuente de R√≠o de Losa domina el espacio que la circunda desde el centro. Desde esa posici√≥n se muestra tan soberbia que hasta para poder beber exige alg√ļn esfuerzo al sediento, a no ser que metas los pi√©s en el agua de sus pilones. Sus dos ca√Īos vierten el agua hacia el centro de cada uno de los anchos abrebaderos o pilones que se extienden a dos de los lados de la estructura c√ļbica de la que surgen.

El flujo abundante y constante de agua es motivo de orgullo para los de R√≠o; ‚Äúhasta hoy nunca se ha secado esta fuente‚ÄĚ, me aseguran. Yo me hubiese sumergido con ganas en su agua fresca y cristalina para librarme del sudor y del polvo del camino, pero una familia de Alonsotegi me ofreci√≥ el ba√Īo de su casa para darme una ducha; esa es una de las mejores ofertas que se le pueden hacer a un caminante acalorado y sudoroso, y de las que m√°s se agradecen; as√≠ que prefer√≠ la ducha a la fuente antes de pasar la noche en el lugar que tambi√©n me ofrecieron para dormir. Pensaba haber dormido en el p√≥rtico de la iglesia, pero se encontraba cerrado y ya hab√≠a hecho dos intentos para conseguir la llave sin dar con quien la guarda.

Las fuentes son anfitriones de sus pueblos; m√°s a√ļn cuando el abastecimiento de agua est√° asegurado en cada una de las casas. Por eso mismo las propias fuentes y su cuidado, adem√°s de revalorizar el pueblo, se pueden considerar como un presente que se hace al visitante. Yo como tal lo tom√© en cada una de las fuentes de Losa en las que saci√© mi sed o refresqu√© mi cuerpo. Gracias a todas ellas y a quienes las conservan.

(Jose Mari Gutiérrez Angulo.La Solana, dic. 2001)

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